01
Septiembre

Malabata, urban beach

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Pasear por las céntricas calles de Tánger para desembocar en una gran franja azul, que se extiende hasta el límite del litoral español contiene el don de la sorpresa, de cómo se puede conjugar la ciudad y la playa en Malabata. Para algunos muy críticos con el nuevo urbanismo tangerino este espacio se ha convertido en un pequeño Benidorm. No ha llegado a ese punto ni mucho menos. Los restaurantes se prolongan en el paseo de esta playa, donde se encuentran muchas referencias españolas, entre ellas el granadino Agustín, que regenta uno de estos establecimientos.

Lo más impresionante de este lugar de recreo de todos los tangerinos es la coreografía humana, los colores, el movimiento, la atracción de carritos en los que como si fuera una verbena se venden palomitas, patatas fritas, algodón dulce,  té y café, maíz asado e incluso caracoles. Marroc Telecom ha instalado una serie de atracciones para los niños con grandes toboganes, espacios para jugar al fútbol y enormes castillos hinchables.

Lo más impresionante de este lugar de recreo es la coreografía humana, los colores, el movimiento

Además, aquí se encuentra el gran escenario para las actuaciones musicales, una de las más masivas del verano la de India Martín, que es un auténtico top-ten en Marruecos al interpretar una versión de uno de los temas tradicionales marroquíes. Se desató la locura.

En este mismo lugar todas las tardes hay sesiones de djs, un auténtico lujo mientras se disfruta de las vistas y espectáculo de esta playa. Andy y Lucas suenan a todo trapo en esta playa, donde también son unos ídolos entre la población alauita.

Ante este marco se podría pensar que estamos ante una masa enfervorecida por la música que acude a la playa en busca de un escape de frescor y evasión inconsciente. No es así. Hay miles de personas, pero en ordenado disfrute. Este tramo de litoral simula una gran alfombra humana de convivencia, aunque en algunos aspectos, como la limpieza y el trato de las basuras, sean todavía asignaturas pendientes.

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La camiseta rosa de James es todo un top-ten, y eso que apenas hace dos meses del fichaje estrella del Real Madrid, pero ojo que también se ve entre la población la rojiblanca del Granada, la del marroquí El Arabi, todo un ídolo entre gran parte de los jóvenes tangerinos.

El sol se oculta por el lado del puerto, hacia el Atlántico. La tarde, que era elástica y extendida en la arena, se pierde en una carrera cada vez más corta. El verano toca a su fin.

Esta urban beach da una lección al consumismo occidental, sobre todo las gentes, que no precisan de grandes cosas, que no tienen nada, algunos niños incluso se bañan en calzoncillos, pero que gozan mucho más que si tuvieran el último modelo de la ‘play’ o de esas diabólicas tablets y deuvedés con las que se entretienen los infantes occidentales.

Desde la otra orilla reciben destellos de una sociedad prefabricada con los engaños del materialismo

Solo soltar un balón  que apenas ha costado cuatro euros y la playa se convierte en una fiesta. No precisan de cerveza en el chiringuito y simplemente se conforman con la contemplación de atardeceres, de sonrisas, de juegos, de ese espectáculo humano que es Malabata, pero también cualquier playa de este otro lado del Estrecho.

Las cloacas, el lado oscuro de esta sociedad está abierto, se advierte y no se esconde, como si tuviera claroscuros y se ve a las claras, en la noche de los locales próximos al puerto. Tánger es como cualquier otra ciudad portuaria cuyo reborde en torno a los puntos de amarre siempre se tizna del moho sucio de algunos humanos, como si los barcos produjeran ese lastre que persigue cuerpos, evasión y el puto dinero fácil.

Malabata se convirtió  en mi espacio de observación, de contemplación, un lugar a este lado desde el que se aprecian las luces del litoral español. Desde la otra orilla reciben los destellos de una sociedad prefabricada con los engaños del materialismo, del consumo, de la apariencia, de la hipocresía, de esa Europa atrapada por los problemas financieros y que a dentelladas intenta atrapar el último bocado de un capitalismo feroz que agoniza y se defiende ante una muerte lenta y segura a la que se niega a sucumbir. Vienen nuevos tiempos; otros aires.

Fotos de Juan Luis Tapia.

Juan Luis Tapia
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Periodista freelancer, una tarea que compagina con el mundo editorial, la poesía y la divulgación cultural. Durante muchos años fue redactor de Cultura del diario Ideal. Ha publicado, entre otros títulos, la antología ‘Poetas en New York’ y ‘Miradas de Nueva York (Mapa poético)’.

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